(Y si solo estás mirando las hojas, no estás liderando nada)
Nos han enseñado a mirar lo que brilla.
A valorar una marca por su logotipo, su última campaña, su perfil de Instagram.
Pero las marcas que resisten (las que venden, conectan y crecen) no se construyen desde ahí.
No nacen del diseño. Nacen de una estructura.
Y esa estructura, aunque suene básica, muchos siguen sin entenderla.
Una marca no es un claim bonito.
Es un sistema coherente de decisiones.
La metáfora que sigue funcionando (aunque no salga en las slides de pitch)
Cuando tenía que explicarle a un cliente, a un equipo creativo o incluso a un CEO qué era una marca más allá del logo, usaba una metáfora:
Una marca es como un árbol.
Y funciona. No porque sea original, sino porque permite entender cómo se construye (y se destruye) una marca con ejemplos tangibles.
1. Las raíces
No se ven. Pero sin ellas, todo muere.
Son tu reputación, tu relación con el cliente, el producto en sí, la cultura que lo sostiene.
Si tu producto es débil, si el servicio es pobre, si tu equipo no cree en lo que hace, no hay campaña que te salve.
2. El tronco
Lo que conecta y sostiene todo lo demás.
Es tu web, tu contenido evergreen, tu identidad visual, tus procesos de comunicación internos.
Es donde se respira la coherencia. Es lo que sobrevive al cambio de agencia, de CMO o de plataforma.
3. Las ramas
Son los canales que se expanden: redes sociales, colaboraciones, nuevas funcionalidades, patrocinios.
Te permiten crecer hacia nuevos públicos. Pero si el tronco no es sólido, estas ramas se rompen con la primera tormenta.
4. Las hojas
La parte más efímera. Las campañas, las publicaciones, los trends.
Aportan frescura, dan visibilidad, pero no viven más de unos meses.
El problema es cuando todo el marketing se enfoca en las hojas. Entonces tienes un árbol que parece frondoso… pero está hueco.
5. El ecosistema
Tu marca no crece en el vacío. Está en un entorno.
El sol puede ser el regulador o tu junta directiva.
El viento puede ser una tendencia cultural que te obliga a virar.
El resto del bosque son tus competidores, tus aliados, tus consumidores.
Entender ese entorno es tan importante como diseñar una buena raíz.
¿Por qué esto importa ahora más que nunca?
Porque estamos confundiendo diseño con dirección.
Porque creemos que una marca se construye cambiando la tipografía o contratando a una agencia de naming.
Y la verdad es esta:
Una buena marca no empieza con “cómo se ve”.
Empieza con “cómo funciona”.
Las marcas con identidad visual y verbal consistente generan un 23% más de ingresos en promedio.
Pero la mayoría de empresas sigue invirtiendo el 80% del presupuesto en la hoja: campañas, influencers, estética.
Y apenas un 20% en el tronco o las raíces.
“El 70% de los CMOs afirma que su empresa no tiene una estrategia de marca a largo plazo sólida ni compartida con el resto del C-Level.”
El error de muchos líderes de marca: querer ser flor y no raíz
La “claridad estructural”.
No es solo tener visión.
Es construir marcas que puedan sostener esa visión con procesos, recursos y una cultura coherente.
La marca no es decorativa.
Es funcional.
Si no sirve para tomar decisiones, no tienes marca.
Tienes decoración corporativa.
Tres verdades incómodas que deberías tatuarte (si lideras una marca)
- Tu marca no es lo que dices que eres. Es lo que permites que pase.
Si tu cultura tolera un mal servicio, esa es tu marca. - La consistencia gana a la originalidad.
Porque la repetición construye memoria. Y sin memoria, no hay marca. - Invertir en branding no es hacer vídeos bonitos.
Es invertir en claridad, coherencia y valor real.
¿Y entonces qué?
Cuando construyes marca pensando como un forestal (no como un diseñador freelance que quiere likes en Behance) pasan cosas interesantes:
- Los mensajes se alinean sin necesidad de 8 rounds de revisión.
- El equipo entiende por qué existe la marca y qué no tiene sentido hacer.
- El producto deja de vivir aislado y empieza a ser parte del relato.
- La campaña deja de ser un golpe de suerte y empieza a ser una consecuencia natural.
Cierre (sin moraleja, como siempre)
Quizás no todos necesiten pensar en árboles.
Pero todos los que lideran una marca deberían poder responder esto con claridad:
¿Cuáles son las raíces de tu marca?
¿Qué pasa si mañana se cae una rama?
¿Estás decorando… o estás sosteniendo?
Porque al final, liderar marca no es decorar.
Es sostener una promesa, incluso cuando no hay campaña.
Adrià García — CMO en Guerra
Verdad antes que narrativa.


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