Entras al supermercado. Ves un paquete de galletas normal a 1€. Al lado, ves el mismo paquete, pero el envase es verde mate y tiene una etiqueta grande que pone «BIO / ECO / ORGANIC». Cuesta 2,50€.
Lo compras.
Sabes que nutricionalmente es casi idéntico, pero la etiqueta te hace sentir que estás tomando una decisión superior.
Bienvenido al mundo del Software B2B en 2025.
En los últimos dos años, hemos vivido una avalancha de re-etiquetado. Herramientas que llevaban años usando simples algoritmos de regresión se han puesto la chapa de «AI-Powered» y han duplicado su precio de licencia. Y nosotros, con el FOMO (Fear Of Missing Out) disparado, sacamos la tarjeta corporativa.
El problema no es la tecnología, que es fascinante. El problema es la disonancia cognitiva. Estás comprando magia, pero te están entregando estadística.
La Trampa de Hollywood: Jarvis no existe
El error fundamental es semántico. Hemos crecido consumiendo ciencia ficción donde la «Inteligencia Artificial» (Skynet, HAL 9000, Jarvis) es un ente consciente. Un cerebro digital que entiende el mundo, tiene intenciones y razona sobre causas y efectos.
Cuando un CEO aprueba presupuesto para una solución de «AI», en el fondo de su cerebro límbico espera eso: un consultor digital incansable.
Pero la realidad técnica es mucho más mundana (y limitada). Como lleva tiempo advirtiendo el científico cognitivo Gary Marcus, la IA generativa actual no posee una comprensión real del mundo (y creerme cuando os digo que Gary a escrito intensamente sobre el tema); opera puramente mediante el reconocimiento de patrones. No hay «pensamiento» detrás del cursor que parpadea. Hay cálculo.
Pongamos una situacion real de nuestro dia a dia: El Plan de Marketing «Vainilla»
Seguro que te ha pasado. Abres ChatGPT o Claude y escribes:
Tú: «Actúa como un CMO experto. Analiza el mercado de SaaS B2B en Europa y dame una estrategia disruptiva para diferenciarnos de la competencia.»
Esperas una revelación. Un ángulo que no habías visto. ¿Y qué obtienes?
IA: «1. Mejora la experiencia de usuario. 2. Apuesta por el marketing de contenidos. 3. Optimiza tu SEO.»
Te quedas frío. No es incorrecto, pero es dolorosamente obvio. Es «vainilla». ¿Por qué? Porque la máquina no está pensando en tu empresa; está calculando el promedio de todo lo que se ha escrito sobre marketing en los últimos 10 años.
Loros Estocásticos: La diferencia entre Pensar y Predecir
Para entender por qué tu herramienta de miles de euros te da estrategias mediocres, tienes que entender el concepto de «Loro Estocástico».
Este término fue acuñado en un paper ya legendario (y polémico), por Emily M. Bender, Timnit Gebru y su equipo. EnOn the Dangers of Stochastic Parrots, definen a los Grandes Modelos de Lenguaje (LLMs) no como cerebros, sino como sistemas que unen secuencias de palabras basándose en la probabilidad, «sin ninguna referencia al significado».
Léelo otra vez: Sin. Ninguna. Referencia. Al. Significado.
- Tú (Humano): Tienes una intención → Buscas las palabras para expresarla.
- El LLM: Mira las palabras anteriores → Calcula matemáticamente cuál es la siguiente palabra más probable.
Es un autocompletar con esteroides. Un sistema probabilístico, no un sistema de razonamiento. Cuando le pides creatividad, te da probabilidad. Y la probabilidad, por definición, tiende al centro. A lo normal. A lo mediocre.
No te está mintiendo, te está haciendo «Bullshit»
Aquí llegamos al mayor peligro operativo: la alucinación.
Los directivos se enfadan cuando la IA inventa datos o citas legales que no existen. «¡Me ha mentido!», gritan en el comité.
Incorrecto. Para mentir, uno debe conocer la verdad e intentar ocultarla deliberadamente. A la IA le da igual la verdad.
Investigadores de la Universidad de Glasgow, liderados por Hicks, Humphries y Slater, publicaron recientemente un artículo provocador titulado ChatGPT is bullshit. Argumentan que estos modelos son «bullshitters» en el sentido filosófico de Harry Frankfurt:
«El bullshitter no está del lado de la verdad ni del lado de la falsedad. No le importa si lo que dice describe la realidad. Solo le importa que lo que dice suene convincente.»
La IA no está optimizada para ser veraz. Está optimizada para ser plausible. Y en los negocios, una estrategia plausible pero falsa es mucho más peligrosa que una mentira evidente.
Otra vez vamos a intentar ponernos en una situacion real: El Abogado Fantasma
Un caso que dio la vuelta al mundo (y que se repite en departamentos de marketing a diario). Un abogado en NY usó ChatGPT para preparar un caso. La IA citó precedentes legales muy convincentes: «Varghese v. China Southern Airlines».
El juez buscó el caso. No existía. El abogado preguntó a ChatGPT: «¿Es este caso real?». Y la IA respondió: «Sí, lo es».
La máquina no «mintió». Simplemente, las palabras «Varghese», «China» y «Airlines» tenían una alta probabilidad estadística de aparecer juntas en un contexto legal. Sonaba bien. Y eso fue suficiente para arruinar la carrera del abogado.
La Trampa de la Mediocridad
Si entendemos que los LLMs se alimentan de todo lo que ya se ha escrito (el pasado) para predecir lo más probable (el promedio), llegamos a una conclusión estratégica incómoda.
Si usas IA para definir la diferenciación de tu marca, estás pidiendo a un algoritmo que te dé la respuesta más estándar posible. Como señala el filósofo de la información Luciano Floridi, estos modelos carecen de agencia real; simplemente re-empaquetan la agencia humana que ya existe en sus datos de entrenamiento.
Delegar la creatividad estratégica en un LLM garantiza, por definición matemática, que nunca serás excepcional. Solo serás «correctamente promedio».
Conclusión: Usa la herramienta, no creas en el mago
No me malinterpretes. Uso LLMs a diario. Son herramientas de productividad brutales para resumir, estructurar, traducir código y limpiar datos. Aceleran la ejecución como nada que hayamos visto antes.
Pero la etiqueta «AI» en el software B2B se ha convertido en el nuevo «Eco».
- Nos venden Inteligencia (capacidad de resolver problemas nuevos).
- Nos entregan Probabilidad (capacidad de repetir patrones viejos).
La próxima vez que apruebes un presupuesto para una herramienta de «AI», recuerda: estás contratando a un loro increíblemente culto, no a un genio. Úsalo para repetir y procesar, nunca para pensar.


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