Nos han vendido una idea estética del liderazgo.
Que un buen líder debe ser magnético. Que debe hablar con pasión, motivar con discursos y encender salas con su presencia.
Pero lo que realmente enciende a un equipo no es el carisma.
Es la claridad.
No la claridad powerpoint. No la claridad en modo “bullet list”. Sino la otra: la que alinea sin imponer. La que reduce el ruido. La que permite avanzar sin miedo.
Y esa, curiosamente, es la más difícil de encontrar.
Cuando falta claridad, el talento se desconecta
He estado en agencias internacionales, scaleups con producto aún en carne viva, y marcas globales atrapadas entre reporting y ego. En todas ellas he visto una constante: cuando no está claro hacia dónde vamos, ni el equipo más brillante puede salvar el barco.
He visto proyectos con buen producto y market fit real… derrumbarse porque los líderes preferían jugar a ser Steve Jobs en vez de explicar cómo llegar del punto A al B.
He visto sesiones de “estrategia” que eran puro teatro: mucho propósito, muchas promesas, pero cero direcciones útiles.
Y en el día a día, la consecuencia no es solo una mala ejecución.
Es un desgaste emocional silencioso.
Cuando el equipo no tiene claro qué se espera, hasta el más motivado acaba frustrado.
Cuando nadie se atreve a decir “esto no está definido”, gana el caos.
Cuando se asume que una presentación sustituye una conversación, se pierde la confianza.
El carisma no escala. La claridad sí.
Un artículo de Harvard Business Review advierte: uno de los factores más correlacionados con el burnout no es la sobrecarga de trabajo, sino la falta de claridad sobre decisiones y expectativas. No es una intuición: es un dato medido. La motivación no nace del aplauso, nace de entender qué hacer y por qué.
La claridad no es lo opuesto al liderazgo inspirador. Es su base.
“Leadership is not about being in charge. It is about taking care of those in your charge.” Simon Sinek
Pero eso no significa saberlo todo.
Significa saber reconocer lo que sabes, lo que no, y cuál es el camino.
Como decía The Curious Mindset en su articulo “Leading with Clarity in Uncertain Times” (2023), los líderes más efectivos no son los que ofrecen certezas absolutas. Son los que ofrecen dirección contextual, límites definidos y decisión compartida.
Y esa claridad funcional (no mágica), es la que marca la diferencia.
ESADE lo llama ‘claridad emocional’
En sus estudios sobre liderazgo consciente, la escuela de negocios ESADE ha definido la claridad como una capacidad emocional antes que técnica: la de sostener la incertidumbre sin disfrazarla, la de comunicar lo incómodo sin herir, y la de construir marcos donde los equipos puedan pensar, no solo obedecer.
No se trata de decir “sí” o “no” a todo. Se trata de crear el espacio mental y operativo para que el talento no se desgaste buscando certezas en la niebla.
Y eso solo pasa cuando el líder deja de fingir seguridad y empieza a narrar verdad.
Lo que rompe los equipos no es el exceso de trabajo, es la ambigüedad
Un articulo de MIT Sloan (2022) identificó que uno de los factores más correlacionados con el burnout no era la carga de trabajo, sino la falta de claridad sobre prioridades, decisiones y expectativas.
“People don’t leave companies. They leave confusion.”
MIT Sloan, Saving Management From Our Obsession With Leadership (2022)
He visto cómo diseñadores top colapsaban porque sus inputs cambiaban cada 48h.
He visto cómo equipos de marketing vivían en estado de alerta, porque cada stakeholder tenía una visión distinta de lo que había que hacer.
No fue la presión. Fue la confusión.
Entonces, ¿qué es claridad?
Para mí, como CMO, hoy claridad es esto:
- Ser consciente de lo que sé.
- Ser humilde con lo que no sé.
- Ser honesto con hacia dónde quiero llegar.
Y eso lo aplico tanto a una estrategia de crecimiento como a un briefing de campaña.
¿Quién es nuestro usuario? ¿Qué resolvemos? ¿Qué no? ¿Qué está en juego si fallamos?
Y, sobre todo: ¿Qué queremos que sea esto de mayor?
Decir “queremos vender un millón de unidades” no es claridad.
Es una frase de LinkedIn.
Claridad es decir: queremos vender 8.000 unidades en este segmento, porque es el que más conversión tiene, con este margen, y necesitamos aprender esto en los próximos 3 meses.
Eso guía. Eso permite decidir. Eso permite remar juntos.
¿Qué pasa cuando hay claridad?
Los equipos no necesitan motivación artificial.
No necesitan más tools, ni más frameworks, ni más sesiones de innovación.
Necesitan saber cuál es el siguiente paso, por qué cuenta, y qué pueden decidir por sí mismos.
Y eso es claridad.
La claridad no es control. Es liberación.
La claridad no necesita ruido.
Necesita dirección compartida y coraje para no esconder lo que aún no está claro.
¿Qué queremos que te lleves?
Queremos que te lleves esto:
- Que no necesitas carisma para liderar. Necesitas claridad para no joder a tu equipo.
- Que decir “no lo sé” es más poderoso que fingir una certeza vacía.
- Que la claridad no se improvisa: se construye a diario, con intención, con lenguaje, con escucha.
- Y que si sientes que el equipo está remando en direcciones distintas… no les culpes. Revisa tu dirección.
Cierre (sin moraleja)
Quizá nunca lleguemos a una definición perfecta de liderazgo.
Pero siempre sabremos cuándo hay claridad.
Se nota en cómo se trabaja. En cómo se respira. En cómo, incluso en días malos, el equipo sabe por qué está allí.
La próxima vez que entres en una sala, pregúntate:
“¿Estoy transmitiendo emoción… o dirección?”
Porque al final, el equipo no necesita que brilles.
Necesita que les alumbres el camino.
Adrià García — CMO en Guerra
Verdad antes que narrativa.


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