Cómo trabajar en marketing sin perder el alma

Trabajar en marketing no te convierte en villano.
Pero si no vigilas, un día te das cuenta de que llevas meses vendiendo cosas en las que no crees, repitiendo fórmulas que no aportan, y escribiendo mensajes que solo sirven para llenar reuniones.

No es que hayas cruzado una línea clara.
Es peor: ni siquiera notaste cuándo dejaste de hacer preguntas.
Cuándo pasaste de tener criterio a simplemente “funcionar”.
Cuándo empezaste a optimizar campañas que no decían nada, solo porque convertían.

Lo he vivido.
Y sé que si no haces un esfuerzo consciente por mantenerte lúcido, el marketing te puede vaciar sin que lo notes.

La erosión es lenta. Pero real.

Esto no es un burnout.
Es algo más sutil: es darte cuenta de que lo que haces cada día no suma.
Que sabes cómo generar clicks, formular copys, mover métricas…
pero que si mañana dejaras de hacerlo, no cambiaría nada para nadie.

Empiezas a hablar más de “storytelling” que de verdad.
Te entusiasman las campañas, pero te dan igual los productos.
Y en algún momento, dejas de preguntarte si tú mismo comprarías lo que estás vendiendo.

Eso es lo que yo llamo perder el alma.
Y pasa más de lo que decimos.

El marketing también es un espejo de cómo elegimos trabajar

No todo lo que hacemos está mal.
No todo está roto.
Hay proyectos que sí tienen propósito, líderes que sí escuchan, marcas que sí están intentando hacer algo con sentido.

Y cuando estás en esos entornos, lo notas:
Se habla distinto, se duda más, se mide mejor, y se vende con otra intención.

Pero el resto del tiempo, lo que hay es prisa.
Urgencia.
Validación.
Demasiadas decisiones que se toman por comparación, no por convicción.

Y eso (aunque se disfrace de agilidad o de benchmark), es puro teatro operativo.

Aun así, el marketing ha cambiado. Y a mejor.

A pesar de todo, el marketing también ha evolucionado.

Hoy hablamos de transparencia, de impacto, de responsabilidad.
No como buzzwords, sino como exigencias reales que vienen del mercado y de dentro.

Philip Kotler ya hablaba de “marketing social” en los 70.
Pero hoy, conceptos como el valor compartido de Michael Porter, o el propósito de marca auténtico de Scott Galloway, han encontrado tierra firme.
Ya no se trata solo de vender. Se trata de construir algo que merezca ser sostenido.

Las marcas que entienden esto no son perfectas, pero sí más humanas.
Y eso (en este contexto) ya es una mejora sustancial.

Incluso en campañas que no brillan, se nota cuando detrás hay un equipo que aún se hace preguntas.
Y eso vale mucho.

Lo que me ayuda a no desconectarme del todo

No tengo una fórmula.
Pero sí tengo algunos recordatorios personales que me sirven cuando noto que empiezo a operar en automático:

  • Si no me emociona explicarlo en una conversación real, no está listo para salir.
  • Si solo hablamos del canal, probablemente estamos evitando hablar del mensaje.
  • Si el equipo está agotado pero seguimos empujando, hay que parar y preguntar por qué.
  • Si nadie cuestiona nada, hay algo profundamente equivocado.

Y, sobre todo:
Si un proyecto me hace sentir que tengo que justificarlo constantemente, es que ya no me lo creo.

No es todo o nada. Es saber cuándo decir basta.

No puedes trabajar siempre con productos con impacto social.
Ni esperar que cada marca sea un ejemplo ético.
Pero sí puedes elegir con qué nivel de conciencia operas.
Y cuándo decir que no.

Porque al final, esto no va de “propósito de marca”.
Va de si eres capaz de hacer tu trabajo sin tener que anestesiar tu conciencia cada lunes.
De si puedes mirar lo que haces y decir:
“Esto no es perfecto, pero no me avergüenza.”

Conclusión

Trabajar en marketing sin perder el alma es posible.
Pero no pasa solo por encontrar el “proyecto con propósito”.

Pasa por atreverte a decir la verdad aunque nadie la haya pedido.
Por saber parar cuando una campaña no tiene sentido.
Por empujar ideas que importan, aunque no sean las que tienen más clics.

Y pasa, sobre todo, por recordar que en todo lo negativo que vemos… también hay cosas que están cambiando.
Que el marketing puede ser otra cosa.
Más lento, más claro, más honesto.

Y que si lo queremos así, hay que escribirlo, construirlo, exigirlo.

Cada día.

Adrià García  –  CMO en Guerra
Verdad antes que narrativa.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *